Mujer iroqués

martes, 1 de agosto de 2017

Matanza de Mamelucos en la Puerta del Sol


La mejor forma, para mí, de visitar el museo del Prado es paseando, sin prisa, disfrutando no sólo de las pinturas, sino de la historia que narran, la que reflejan y la que llevan detrás de cada pincelada. Hoy quiero hablaros de una de esas historias que suele pasar desapercibida, por lo impresionante de la obra que la contiene. 

Buena parte del público cree, erróneamente, que el cuadro de Goya del 2 de mayo es el de los fusilamientos de la Moncloa. En realidad ese lienzo refleja lo sucedido al día siguiente del alzamiento de Madrid, el 3 de mayo. El 2 de mayo es, como su hermana, una pintura de inmensa carga dramática, pero mucho más caótica, y con un título, cuanto menos, sorprendente: Carga de mamelucos en la puerta del sol. Y digo, sorprendente, porque lo que vemos no es una esplendida carga de caballería, con lanzas y sables refulgentes, sino una carnicería, hasta el punto de que el cuadro, informalmente, es conocido como Matanza de mamelucos.

Evidentemente el título se refiere a los cinco jinetes de aspecto oriental que, junto a un coracero imperial, hacen frente a una muchedumbra armada con palos, piedras y navajas. Pero ¿quienes son esos guerreros ataviados a la turca? Y ¿que están haciendo en Madrid, ese fatídico 2 de mayo de 1808?

El origen de los mamelucos es anterior a la expansión de los turcos por el islam, pero fueron turcos en sus comienzos. Turcos paganos, capturados por las tropas del emirato persa samánida en el suglo VIII, durante los conflictos fronterizos con los pueblos nómadas del asia central. Estos prisioneros eran vendidos como esclavos, de ahí su nombre, mamluk, los que tienen dueño, los poseídos. Islamizados durante su esclavitud, los mamelucos alteraron la sociedad musulmana en dos formas: por una parte, facilitaron la conversión de sus hermanos nómadas, integrándolos así en la esfera del califato abásida. Por el otro, los propios esclavos fueron volviéndose poco a poco una parte importante de la estructura de gobierno del califato y sus emiratos, ocupando puestos de confianza, convirtiéndose en secretarios primero, gobernadores e incluso emires al final, y nutriendo las filas de sus ejércitos, ya que eran jinetes muy apreciados por su valor y eficacia

Con el tiempo los califas confiaron en ellos para nutrir sus tropa de élite y su guardia de corps, y en la práctica acabaron siendo prisioneros de la voluntad de sus poderosos y muy bien armados esclavos. El califato abasí se hizo pedazos en el siglo X y a partir de ese momento los mamelucos se convirtieron en el poder en la sombra de los diversos califatos independientes surgidos de sus ruinas. La tradición de los mamelucos seguía bebiendo de sus orígenes turcos, pero sus filas se nutrían ahora también de niños y jóvenes de los pueblos de las estepas rusas, caucásicos, como los armenios, y también de esclavos sudaneses y etíopes.

Surgieron estados mamelucos, siendo el más importante de todos el de Egipto, cuyos sultanes compraban para engrosar sus tropas esclavos georgianos, circasianos y turcos cumanos, vendidos en el Cairo por mercaderes genoveses, y que al igual que sus predecesores abásidas acabaron siendo meras marionetas en manos de sus oficiales. Los mamelucos egipcios sólo se sometieron bajo la mano de hierro del gran Saladino, y fueron cruciales en las batallas que acabaron con el reino latino de jerusalén, pero en el siglo XIII Egipto era ya, virtualmente, un reino mameluco indendiente, y seguiría así hastaque en 1515 el sultan selim I se adueñó de El Cairo, retornándolo a la esfera del islam, ahora bajo la sombra del poderoso imperio turco.

Los mamelucos conservaron su influencia, actuando como gobernadores, y en los siglos sucesivos fueron recuperando su poder de modo que, a finales del siglo XVIII, Egipto volvía a ser, virtualmente, un reino independiente en sus manos, cuando una flota francesa enviada por el Directorio desembarcó un ejército a las órdenes del ambicioso general Napoleón Bonaparte

El futuro emperador derrotó a los mamelucos en una feroz batalla a los pies de las pirámides. Los jinetes, ataviados de coloridos y fastuosos ropajes, armados con espadas y pistolas bellamente decoradas con todo tipo de filigranas, cargaron una y otra vez contra las tropas francesas, siendo rechazada por la artillería y las andanadas de la infantería. Los supervivientes seguirían combatiendo en docenas de esacaramuzas, pero ese 21 de julio de 1798 el poder de los mamelucos cayó para no volver a levantarse jamás. En 1806, tras asumir el poder, el nuevo bey de Egipto, Mehmet Alí, se deshizo de sus úttimos líderes asesinándolos durante un banquete

Tras la victoria de Guizah Napoleón incorporó a sus fuerzas algunas tropas mamelucas que se habían rendido o habían sido capturados, y tras su regreso a Francia solicitó la formación de un escuadrón egipcio de caballería en Marsella, para emplearlos de forma similar a sus unidades de húsares, en tareas de reconocimiento y persecución. Reducidos inicialmente a solo dos compañías, tras la victoria de Austerlizt, ya sumaban un regimiento completo y despertaban la admiración de toda europa por lo exótico de sus uniformes y el valor que derrochaban en batalla.

Y así llegamos a marzo de 1808, cuando el mariscal Murat entra en Madrid, a la cabeza de un nutrido ejército, convencido de que la corona española, que el estúpido Carlos IV y su estúpido y además miserable hijo Fernando van a poner en manos del Emperador, recaerá sobre su cabeza. Decidido a impresionar a los que cree que un día serán sus súbditos, trae como escolta una compañía de mamelucos. Dos meses después, al saber que los últimos miembros de la familia real están a punto de ser enviados a Francia, estalla la lucha en las calles de la capital, y allá van los jinetes musulmanes, sable en mano, en medio de la muchedumbre

Un escuadrón ha quedado aislado del resto, al fondo vemos las cabezas de sus compañeros, incapaces de auxiliarles. Acostumbrados a combatir en campo abierto, los mamelucos se han visto arrastrados y arrinconados por una multitud furiosa que no retrocede por muchos de los suyos que caigan, presas de esa ira ciega que ya no se detiene. Leemos el pánico en los ojos de los soldados esclavos, que probablemente ni saben ni entienden porqué están ahí, ahogados en un mar de furia imparable y que, quizás por primera vez en sus vidas, tratan desesperadamente de huir, sabiendo que no lo lograrán, y que serán pisoteados y descuartizados vivos por una muchedumbre hastiada, que ha gritado ¡Basta! y se ha alzado contra la tiranía, ignorando que sólo lograrán traer una tiranía aún peor

Y así los plasmó la mirada de Goya: en medio de los relinchos aterrados de sus caballos, los últimos mamelucos, a miles de kilómetros de sus hogares, alzan sus armas intentando resistir un instante más, congelados para siempre ante nuestros ojos, en un escorzo imposible, una agonía que nunca tendrá final.

2 comentarios:

lyuti dijo...

Es un post magnífico, mira que yo encuentro complicado juntar historia con el relato del presente. Tengo entendido que el imperio turco exigía que los pueblos fronterizos sometidos les pagaran el tributo del primer hijo varón para convertirlo en mameluco (?). También se me ha venido a la cabeza la importancia de los esclavos en los imperios preindustriales, yo creo que esto debería explicarse en la historia que se estudia en el colegio. Recuerdo una cita de Zeldin que me impresionó, venía a decir que todos procedemos de esclavos.

José Antonio Peñas dijo...

Pues si te apetece saber un poco más sobre la esclavitud, le dedicamos un programa estupendo no hace mucho en antena historia http://www.ivoox.com/ah-36-la-esclavitud-roma-y-audios-mp3_rf_19575749_1.html (mi colaboración, el rincon de episcophagus, saldrá en el blog en un par de días, es que he estado un poco agobiado de curro)