Mujer iroqués

viernes, 13 de marzo de 2015

ALGUNAS RECOMENDACIONES Terry Pratchett (III, por desgracia)


Hace cuatro años escribí sobre Terry Pratchett en este mismo Blog. Hoy, por desgracia, vuelvo a hacerlo.

Ayer Terry Pratchett murió.

Todos los que le leíamos sabíamos lo enfermo que estaba. Todos sabíamos que había luchado, pulgada a pulgada, día tras día, sin rendirse. Todos sabíamos que no pensaba morir en vida, que cuando llegara el momento plantaría cara por última vez y, como bien dijo mi amiga Diana, rompería la baraja.

Todos, en el fondo, esperábamos que fuera inmortal, y que de alguna manera el universo le compensara por todos los buenos momentos que nos regaló desde que publicó El Color de la Magia, hace ahora 32 años. Pero el universo, como bien sabía Pratchett, no es un lugar donde nuestras esperanzas cuenten para algo.

Y todos, ayer, nos rompimos en pedazos.

Fue dolorosamente extraño. Leer que había muerto y de pronto descubrirme llorando. Llorando por alguien a quien nunca conocí, y no poder parar. Me sentí un idiota durante unos segundos, hasta que vi, a través de las redes, que la mitad de mis conocidos estaba llorando, como yo. A lágrima viva.

¿Sólo por unos libros? De acuerdo, los libros de Pratchett, de media, son buenos, y algunos son realmente brillantes. Pero he disfrutado, página por página, de toda la obra de Gould, y cuando murió no me sentí así. O sea, sí, me sentí triste* pero nada más.

¿Porque era buena persona? Mandela lo era, y no vi a nadie llorar de ese modo en mi entorno. Quizás porque es una figura cuya dimensión se nos escapa. Quizás van por ahí los tiros.

Pratchett era cercano. No un gigante, sino alguien a quien podrías cruzarte por la calle, con quien compartir una cerveza charlando animadamente. Los que le leíamos, al final, sentíamos que era un amigo, alguien real, no un nombre rutilante sino una persona tan de barro como nosotros. Y sus libros no prentendían pasar a la historia de la iteratura. Sólo hacernos reir, y pensar.

Y pensar riendo. Y reir pensando.

De alguna forma, intuíamos que nos decía la verdad, sin disfraces. Nos quitaba peso, para que viéramos que nada tiene sentido, que no importa, que el mundo sigue girando al margen de lo que pensemos o digamos. Y, al mismo tiempo, ese mensaje, en vez de desesperarnos, nos animaba a disfrutar de todo lo bueno que nos rodea o nos encontramos. Nos animaba a compartir una cerveza charlando animadamente con un amigo, sí, porque quien sabe si mañana ese amigo estará ahí. Nos animaba a amarnos, a reir, a correr y a gritar. Y a protestar y no conformarnos, a no pasar por el aro ni preocuparnos por lo que digan o señalen los demás.

Porque el mundo pasa de nosotros, no le importamos un ápice, y quizás mañana un meteorito nos parta en dos, o te resbales al pisarte un cordón y te abras la cabeza contra el bordillo. Así que no esperes a que las cosas sucedan, no pienses que lo bueno puede esperar, ni dejes para mañana lo que debe hacerse, no sea que mañana no llegue nunca y nadie pueda hacer por ti lo que dejaste para otro momento.

Y, sobre todo, nos dijo, usad la cabeza, y al menos aprended a desconfiar de quien no merece confianza, sobre todo si dice cosas como bien común**, mal menor*** posteridad****, sacrificio***** confianza****** y estabilidad*******

Pratchett nos hablaba como si fuéramos capaces de entenderle. Quizás por eso sentíamos que era un amigo entrañable, alguien que formaba parte de nuestras vidas, y nosotros de la suya. Por eso ayer nos sentimos, todos, huérfanos. Y, al compartir nuestro dolor, nos sentimos un poco menos solos, así que incluso al morir nos dejó un regalo.

(y hablando de regalos, si tenéis que hacer alguno, recordad que comprando un libro de Pratchett, apoyais el derecho a morir con dignidad, y ayudáis a los orangutanes)

Adiós, Terry. Espero que Offler, el dios Cocodrilo, te reciba con una sonrisa (y bien sabe Offler lo difícil que es sonreír con todos esos dientes estorbando)

* En un ensayo Gould hablaba de que todos estamos a seis apretones de manos de cualquier persona. En su caso, me quedé a uno :-(

** Un bien común que, sospechosamente, coincide exactamente con una situación en la que esa persona vive, no sólo rica y próspera, sino mucho más rica y próspera que tú.

*** Para entendernos, cualquier cosa que pueda hacer perder riqueza y prosperidad a quien usa ese término es un mal mayor. Si el que pierde riqueza y prosperidad eres tú, eso es un mal menor.

**** Dado que tu nombre dificilmente saldrá jamás en los libros, la posteridad es algo que no debería preocuparte al nivel en que deberían preocuparte cosas como ¿qué comeré hoy? ¿y mañana? ¿y qué comerán mis hijos? Ninguna de esas preocupaciones suele legarse a la posteridad

***** Los sacerdotes aztecas debían decirle a sus victimas cosas como "todos debemos sacrificarnos un poco, vale, te voy a abrir el pecho con una obsidiana afilada pero ¿tú sabes lo cansado que es abrir pechos con obsidiana? ¿y me ves quejarme, acaso? pues entonces deja de poner esa cara, que luego me acuerdo y duermo mal".

****** Como dijo Rincewind, el que grita "adelante, avancemos sin miedo" suele ser el único que lleva la armadura a prueba de flechas y está escondido tras una roca

******* Estabilidad es un término que se traduce por "a ver si los de abajo os estáis quietecitos, que aquí arriba no hay quien duerma con tanta protesta y tanta tontería"

jueves, 5 de marzo de 2015

MI VIDA COMO ELEFANTE


Si fuera un elefante, cambiaría mi forma de sentir.

Los ojos de los elefantes están separados a los lados de la cabeza, y apenas tienen visión en profundidad. Cada ojo ve algo diferente, y no muy bien: sus pestañas, largas y espesas, les impiden ver con nitidez.

Si fuera un elefante, mi mundo sería borroso. 

Las manos del elefante no cogen ni sienten (aparentemente) pero la nariz lo hace por ellas. Mi nariz no sólo coge: sobre todo, toca. Me dice qué hay ante mí, su aspecto, su tacto, su calidez. Me dice si es bueno para comer, si es amistoso. Si es alguien. Si es alguien a quien quiero, en quien confío.

Un elefante solo no es un elefante. Si fuera un elefante querría estar rodeado de elefantes. Desde el día de mi nacimiento, en medio de un bosque de sólidas patas y narices que me acarician, me confortan, me protegen.Y con mi pequeña nariz iría descubriendo el mundo. 

Si fuera un elefante, acariciaría a los demás elefantes. Mi nariz sobre las suyas, como un apretón de manos. Mi nariz sobre sus rostros, su cuello. Sus colmillos, tan únicos que, aunque sólo encontrase el cráneo de un elefante pelado al sol, sus colmillos me dirían si alguna vez le conocí.

Si fuera un elefante, mi madre me guiaría y me enseñaría con paciencia. Lentamente. Crecer lentamente, caminar lentamente. Comer lentamente, nuestra comida, después de todo, no se va a ir a ninguna parte

Vivir lentamente, dejando que el día se deslice sobre mi piel, sin prisa.

Salvo si hay agua, mucha, abundante, y mi nariz pasa a ser un juguete, regocijándome con frescos chorros, y barro en abundancia para mi piel.

Si fuera un elefante, daría gracias por la brisa fresca, y por cada trago de agua, y aprendería como encontrarla. Para ser elefante, hay que saber muchas cosas. Dónde están los pozos que no se secan, cuáles son las mejores rutas, cómo excavar buscando el agua.

Aprendería a leer con mis manos. Sí, esas que, aparentemente, sólo me llevan. Pero también escuchan. Mis manos leen los murmullos del suelo, y los pasos cercanos y lejanos. Si fuera un elefante sabría reconocer las señales de otros elefantes a muchos kilómetros, dando secos pisotones para decir dónde están. Y reconocería el sonido, único, del agua bajo la dura costra reseca bajo el sol.

Sabría guardar esas energías que ahorro lentamente, día a día, para los breves momentos en los que la vida se acelera. Cuando hay que luchar para copular, para defendernos si alguien nos ataca, para proteger a los pequeños.

(Si fuera un elefante, ay de quien molestase cerca de mí a un elefantito)

Y, si fuera un elefante, me alejaría sin prisa de aquí, caminando despacio hacia el crepúsculo, perdiéndome entre las altas hierbas mientras los últimos rayos del sol tiñen de rojo la llanura y acarician mi espalda.

Sí, sería bueno vivir esa vida, una vida larga y calmada, paso a paso, caminando sin prisas a lo largo de los años, viendo pasar las primaveras y los estíos, la lluvia y la sequía.

Si no existieran los humanos, sería bueno ser elefante