Mujer iroqués

viernes, 21 de marzo de 2014

UNA NOCHE... hace 120000 años


Cuando observo un cuadro, como NightHawks de Hopper, por ejemplo, no puedo evitar preguntarme qué sucede, cómo y porqué han llegado esas personas ahí, y qué pasará cuando yo me marche. A veces, cuando hago una ilustración, sobre todo si es narrativa, me hago las mismas preguntas. Y así fue cuando hice la mujer neandertal y el oso para la agencia SINC. Cuando me propusieron el tema enseguida vi la imagen en mi cabeza, y a medida que tomaba forma en la pantalla llegaron las preguntas ¿porqué? ¿porqué están aquí, si ambos parecen desear estar en cualquier otro lado? ¿cómo ha sucedido? y, lo más importante ¿cómo va a terminar?

Esta es la historia de esa noche. Tal y como la vi en mi cabeza. Y antes, tratad de imaginar ese mundo, aparentemente el nuestro, pero muy diferente. Un mundo duro, sin segundas oportunidades. Donde, al amanecer, no sabes si vivirás para ver otro.

Ahora, acercaos a la mujer que duerme en la cueva. Entrad y sentidla.

Descansas. Lo necesitas. El fuego aún arde vivo, en unas horas serán brasas pero seguirán dando calor. También calentarán a la niña, que nació hace cinco inviernos, y duerme acurrucada contra ti, abrazando a su hermano, de dos. La hoguera les mantiene cálidos, pero prefieren tu calor al del fuego, les hace sentir que todo va bien.

Tal vez haya algún anciano con vosotros, reposando sus huesos doloridos, y algun adulto más, quizás tu pareja. O no, tal vez estás sola, quizás te apartaste del grupo, o el resto está fuera y tú te quedaste para cuidar y proteger a los pequeños. Sea como sea eres tú quien despierta al oír un ruido apagado... abres los ojos...

... el fuego siluetea la masa parda que tapa la entrada y se acerca en silencio, recelosa de la luz que hace brillar sus pupilas, y sus colmillos. Recelosa pero hambrienta...

¿Gritarás pidiendo ayuda? Tal vez no hay nadie. Y aunque no estés sola, no puedes esperar, la bestia está cerca...

¿Huir? ¿A dónde? Su cuerpo está entre la entrada y vosotros ¿hacia el fondo de la cueva? ¿donde podrá atraparte más fácilmente? ¿y los niños?... los niños... no puedes pensar más. Si sigues pensando el miedo te paralizará y estarás muerta...

No más pensar: luchar. Aferras uno de los tizones que arden a tu lado, y la lanza, que nunca apartas, y saltas hacia él, cortándole el paso.

El oso se frena en seco, no lo esperaba. La presa se ha revuelto y de pronto la luz arde en su cara. Huele su propia piel chamuscada, los pelos de su nariz quemados, y ruge furioso mientras manotea, cegado por un instante. Y tú también gritas: le desafías.

Vuestras voces despiertan a los demás. Si hay adultos, cogerán sus armas y correrán a tu lado. Si estás sola, los niños se refugiarán tras de ti. Sea como sea, no miras atrás: si apartas tus ojos de los suyos, si no sostienes su mirada, todo habrá acabado.

Lanzas un nuevo golpe con la tea, porque el fuego es tu segunda mejor arma. Y golpeas con la punta afilada y endurecida al fuego, porque la lanza es tu tercera mejor arma.

Y das otro paso adelante, porque tú eres tu mejor arma, la única que cuenta. Eres lo que se interpone entre la vida y la muerte.

¿Como termina? No lo sabemos. Hay dos finales. Si el oso está muy hambriento, o muy desesperado, se abalanzará. Y no habrá tiempo para pensar, sólo para poner la rodilla en tierra, apoyar la base de la lanza en el suelo y sostenerla con todo lo que te quede...

Y uno de los dos morirá. O los dos.

Pero si no es así, si el miedo al fuego y el dolor de las heridas son más fuertes que el hambre, el oso retrocederá poco a poco. Furioso, a regañadientes, rugiendo su indignación, porque tiene orgullo, orgullo de oso. Pero, orgulloso o no, sabe que la cosa va mal. Él es más grande, más duro, más fuerte, su boca y sus zarpas están llenas de muerte... pero sabe que no vas a rendirte, y él se juega una comida, pero tú te juegas la vida...

Nadie quiere morir, ni siquiera un oso viejo y hambriento, y ya no quiere comer, sólo salir de una vez de ese atolladero, para buscar una presa menos difícil. Y cuando llega a la salida, gira y se marcha, quizás aguijoneado por un último lanzazo en el trasero, que recibirá un rugido atroz por respuesta. Pero se va. Temblando de ira, y pagando su frustración con todo lo que se encuentre por el camino, sean piedras, plantas o animales. Ay de quien se cruce con él en este momento.

Esperas ante la entrada, la lanza en ristre, inmóvil, hasta que le oyes alejarse, y sabes que no volverá. Y te dejas caer de rodillas, agotada, sintiendo de pronto como late tu pecho

...dum dum DUM...

Esta noche NO. Hoy NO

Y tiemblas, ya puedes permitirte temblar mientras abrazas a los tuyos. Habrá otro amanecer. Viviréis.

Y el oso vivirá. La furia acabará apagandose, encontrará algo que comer y seguirá su camino para vivir otro día, otra luna, otro invierno... pronto sólo serás un vago recuerdo en su mente.

Pero quizás, un día, huela humo, o el olor de tu gente, y recordará el dolor y las quemaduras, las heridas, la humillación... te recordará.

Y por si acaso, cambiará de camino.

No sabemos cual es la palabra que te define. La nuestra no surgirá hasta dentro de miles de años. Al oso le da lo mismo, para él las palabras no existen, pero, mientras recula y se aleja, igual que hace ahora, te maldecirá, y maldecirá, con sus pensamientos de oso, la noche en que creyó haber encontrado una comida fácil...

... y despertó a una mujer

miércoles, 19 de marzo de 2014

TE RECUERDO...


... de uniforme. Las estrellas de capitán, en tu chaqueta, en el armario del recibidor. Luego comandante, teniente coronel...Me recuerdo pensando en el tono de tus ojos, gris azulado, mientras doy color a tu fotografía, ya como general. Mamá quiere darte una sorpresa por tu cumpleaños, y aquí me tienes, ajustando canal tras canal. Aún me sorprende ver mi rostro en el tuyo, mi mirada en la tuya ¿tanto nos parecemos?

Te recuerdo, siempre trabajando. Vuelves, te quitas el uniforme y empiezas a estudiar. Luego anotas las cuentas del día. Sólo después descansas.

Te recuerdo cuando huelo tabaco negro. Y recuerdo tu cara de dolor al ver a mamá echar el coñac de treinta años al guiso, porque el médico te lo ha prohibido y no va a tirarlo ¿no? y tú le dices ¡pero no lo hagas cuando yo estoy delante!

Te recuerdo alegre. Sé que te enfadas de cuando en cuando, no en vano somos cinco críos liándola, pero me cuesta recordarte enfadado. Cuando te recuerdo, estás de buen humor.

Te recuerdo al volver de aquella acampada en invierno. Entro por la puerta y, tras soltar la mochila, me dices que Javier ha muerto. Nunca te he visto llorar, no hasta ese día.

Te recuerdo el día del célebre Malta-España. Al cuarto gol me voy a la calle, a pasear a Rocko, porque me dije, me le da un síncope en el siguiente, y no quiero verlo. Y quedaban 8 más...

Te recuerdo en el pueblo, también con Rocko. Duerma en el salón o en mi cuarto, en cuanto siente que te levantas,  se estira, bosteza, y va tras de ti a la huerta, al trotecillo, moviendo su enorme cola peluda. Se tira la mañana contigo, viéndote trabajar con el azadón, con el arado de mano, recogiendo verduras... Mamá bromea, dice que va a hacerle al perro unas alforjas para que te lleves el bocadillo y algo de beber.

Rocko sabe que eres el jefe de la manada, pero también que a quién hay que obedecer es a mamá. Yo soy algo así como su hermano mayor. El resto de la familia... simplemente están. Salvo la Yaya: los meses que pasa con nosotros, se tumba siempre a su lado, como si fuera una especie de diosa benéfica

Te recuerdo con la Yaya. No pareces su yerno, sino su hijo. Te recuerdo llorando cuando nos dejó. Como si hubieran abierto una presa y tus lágrimas no se acabaran. Roto.

Te recuerdo en el hospital, tras aplastarte las rodillas. No he visto un enfermo con mejor humor. Ni a nadie que a los dos meses de algo así se baile una jota. Despacito, en la boda de Suso.

Te recuerdo feliz cuando Suso vuelve del Salvador, con Tere. Feliz no sólo por él, sino por todos nosotros, feliz de vernos a los cinco con las vidas en marcha. De vernos bien. A todos.

Te recuerdo cuando ves publicado mi primer dibujo. Tu sonrisa.

Te recuerdo en mi primer permiso. Llego a casa, me abrazas y, luego, me presentas a Cristina. Mi primera sobrina, tu primera nieta. En tus brazos: jamás te he visto tan orgulloso. Bueno, sí: veo ese mismo orgullo cuando nacen Carmen, Pablo, María, Sole, Carlos, Diego... creo que siempre te dices, no llegaré a conocer al siguiente, y cuando llega, lo recibes con el doble de amor. Pero Cris es especial.


Te recuerdo con Pablo, de la mano, yendo a ver patos y conejos. Con Sole y Diego, volviendo de la huerta. Si está el abuelo, los demás no existimos.

Te recuerdo en cada cumpleaños, los ojos brillantes, como si supieses que cada año de más es un regalo, dando gracias por ello, por poder disfrutarlo. Y tu ilusión porque ahora te damos tres regalos. Para compensar por tantos años, que ya es puñeta nacer en San José y tener santo, cumpleaños y día del padre el mismo día.

Te recuerdo al irte a NYork. Te imagino en el hotel, en la habitación, sin moverte de ella tras el curso, porque si no estás con mamá no sabes ir a ningún sitio. Y sé que es así porque vuelves con el mismo dinero que te fuiste, sin gastar ni un céntimo en ti. Recuerdo tu cara de alivio al entrar por la puerta, ese gesto de ¡por fin!

Si no estás con mamá, no eres tú.

Te recuerdo haciendo crucigramas, sacándolos de esa carpeta que vas llenando para cuando te jubiles. Como si te hiciera falta entretenimiento: la casa convertida en guardería, la huerta, las partidas con los amigos... y te recuerdo dándome una paliza al mus... leches, qué bien juegas.

Te recuerdo fuerte. Muy fuerte, fibroso. Como si en vez de piel y carne fueras corteza y madera de nogal.... y te gusta sentarte bajo el nogal del abuelo. Te gusta su sombra, su frescor, su protección.

Te recuerdo con cara traviesa tras apuntarme al concurso. Tu mirada de orgullo el día que participo, y lo mucho que nos reímos tú, Cristina y yo. Todos te ven sonriendo en la tele, allá en el pueblo. Sonríes mucho más que el día de la boda de la infanta, que mira que te aburriste.

Te aburren las ceremonias, recuerdo que el mando que más disfrutas de todos es el de Pavía. Tú con tu regimiento, sin papeleos ni besamanos. Y cómo disfrutas contándome cada anécdota, cada historia. Cada persona.

Te recuerdo con personas, siempre a gusto. No recuerdo a nadie con quien no sepas llevarte bien. Nadie. No recuerdo que nadie me haya dicho jamás que le ofendiste o le defraudaste. Nadie.

Te recuerdo en mis sueños. Sueño de cuando en cuando contigo, y me gusta. Me alegra volver a hablar contigo.

Te recuerdo la tarde que os vais para el pueblo. Acaba de morir tu compañero de mus de toda la vida y quieres despedirte de él. Ese día como con vosotros, te doy un abrazo y un beso, y hasta la vuelta.

No habrá vuelta.

Recuerdo el dolor. Y mis hermanos tan rotos como yo, si no más. Recuerdo la falta de aire, mis ojos ardiendo, el pecho lleno de cemento... y mamá manteniéndonos en pie, por todos, por ella y por ti, por nosotros. Recuerdo a tus hermanos, mis primos, tus amigos. Todo el pueblo, media Segovia, gente llegando de todas partes, Sevilla, Barcelona, Zaragoza, A Coruña... y la sonrisa que nos recorre de pies a cabeza cuando el flequillo se te escapa de la mortaja y mamá dice, se casó despeinado y le enterraremos igual.

De haberlo sabido, de haberlo sospechado, al despedirnos te habría dicho algo más. Te habría dicho gracias, papá. Gracias por todo. Te habría dicho adiós. Te habría dicho...

... te quiero.

Siempre te recuerdo.

Hoy cumplirías 78 años.

Te echo de menos.


sábado, 15 de marzo de 2014

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (III) Las excepciones: Turquía e Irán

Pensemos en como funcionan esos cultos. Es un movimiento religioso formado por cabecillas locales, predicadores que no siguen una doctrina común ni obedecen a ninguna jerarquía central, sino que compiten por ganar prestigio alardeando de su fanatismo biblico. Unas condiciones que imposibilitan cualquier evolución. Se llaman cristianos, mencionan mucho a Jesús y ven señales del espíritu santo por todas partes, pero en realidad basan la mayor parte de sus ideas (y fobias) en el antiguo testamento, es decir, el código de leyes de un pueblo de pastores, que aceptan como verbo divino sin dudar de una sola letra ¿Suena familiar?

En los años 80 y 90 sus misioneros hicieron muchísimo daño entre las poblaciones indígenas de Venezuela y la selva amazónica. Pero eso ha quedado en agua de borrajas comparado con lo que están haciendo desde hace  más de una década en África. Ahí nunca se constituyó una verdadera sociedad civil: la descolonización dejó tierras y pueblos desarraigados, y la suma de guerras, corrupción, enfermedad y miseria han desintegrado cualquier estructura real que vaya más allá de lo local o lo étnico. Sumémosle el analfabetismo más extremo y tenemos el coto de pesca soñado por los fanáticos.

El modo de entrada ha sido la caridad, aprovechando los recursos enviados por sus benefactores en EEUU para que las comunidades más míseras acaben dependiendo de sus limosnas. Así fue como los Hermanos Muslmanes ganaron su prestigio en Egipto, pero al menos ellos organizaron verdaderas redes de apoyo social, mientras que los misioneros se aseguran de mantener la pobreza como un dogal al cuello de sus feligreses.

A eso se añade una activa infiltración en los órganos de gobierno en base a su influencia económica y social, que en poco tiempo ha logrado que las leyes jueguen a su favor. Poder político unido a poder religioso y ningún contrapeso civil. La expresión más visible de ese fanatismo es la persecución desatada contra la homosexualidad en varias naciones africanas, siendo la más sangrante la de Uganda. Y, de nuevo, las multitudes que hemos visto apalear, apedrear y quemar vivos a jóvenes homosexuales no son grupos de fanáticos extremistas. Son sus vecinos, sus amigos, sus familiares. La gente común. La moderada. Jaurías indistinguibles de las que hemos visto en países musulmanes, jaleadas no por imanes o muftis, sino por predicadores, Biblia en mano, que han encabezado el acoso sin el menor disimulo.

Si dos religiones aparentemente tan distintas* como la islámica y la cristiana pueden generar situaciones tan similares, entonces sus enseñanzas, en sí, no son un problema social. El problema surge cuando las circunstancias permiten que una religión inamovible se enseñorée de la vida de un pueblo, sin un contrapeso que neutralice sus aspectos más negativos. Esa es la causa, más allá de la fe o los libros sagrados, que hacen que los cultos evangélicos y el islam puedan ser más dañinos que el resto de las religiones actuales.

Como prueba de que la esencia del Islam no es el problema, podemos observar el ejemplo contrario. Dentro del mundo musulmán hay dos interesantes excepciones, dos naciones a las que las circunstancias han permitido avanzar mucho más que sus vecinos. Turquía e Irán.

En el caso turco, el trauma que supuso la caída de la Sublime Puerta en 1918 dio lugar a la creación de un estado casi laico por obra de Kemal Attaturk. Eso permitió consolidar una sociedad civil y un activo nacionalismo (con raíces étnicas) que ha sobrevivido al fin de los regímenes tutelados y al gobierno de los partidos islamistas. De hecho la influencia de esos partidos creció, no por obra del fanatismo religioso, sino por el desencanto de buena parte del pueblo turco por la falta de avances en su integración con la Unión Europea. Turquía está lejos de ser un oásis de democracia y respeto de los derechos humanos, pero está a años luz del cenagal teocrático de Arabia Saudí.

El caso iraní suma a la cuestión étnica y cultural (como los turcos, los persas jamás se han sentido integrados en el mundo árabe, y se enorgullecen de su lengua y su cultura) y un nacionalismo ferviente,  un apartado religioso. Los chiítas ganaron fama de fanáticos en los años de la Revolución Islámica y el nacimiento de Hezbollá, pero en realidad forman el ala progresista del islam. En un sentido muy concreto: el chiismo sí acepta una jerarquía religiosa, encarnada en los Alfaquíes y los Ayatolas, y, pese a ser, evidentemente, autoridades muy remisas al cambio, han tenido que aceptar algunas reformas al convertirse en parte de las instituciones. Dado que sus normas no se dirigen a la totalidad del islam sino sólo al pueblo persa, incluso esas escasas concesiones han marcado un sello muy distintivo en el ismaelismo.

A esto se suma una sociedad civil urbana** muy activa, con un elevado nivel educativo, y una gran frustración entre las generaciones posteriores a la Revolución Islámica ante la falta de expectativas. El conjunto de estas circunstancias ha conformado una sociedad en ebullición, una olla a presión que, en vez de enquistarse en el fanatismo religioso, avanza, aunque sea timidamente en la dirección opuesta, es decir, hacia una apertura laicista. Se podría comparar la actual situación de Irán con la de la España de finales de los primeros 70, con la dictadura reforzando por todas partes un control que empezaba a írsele de las manos. Por supuesto lo que suceda en próximos años es impredecible, pero incluso en los momentos de mayor peso islámico, en los años inmediatos a la Revolución y durante la guerra con Irak, el chiismo iraní presentaba aspectos tan ajenos al mundo árabe como la masiva presencia de las mujeres en la universidad y la prohibición de la ablación.

Poco más puedo añadir a favor de mi hipótesis: son las circunstancias históricas y sociales lo que confieren mayor peligrosidad a una religión, no sus enseñanzas, y por eso es ingenuo presuponer que la influencia de un credo es indistinguible de otro.

¿Significa lo dicho hasta aquí que la integración de los musulmanes en nuestra sociedad es imposible? Ni mucho menos. Precisamente aquí contamos con los elementos que permiten paliar los principales peligros dela religión: una sociedad civil consolidada y educación. Pero se requiere tiempo. Y un esfuerzo consciente para no recaer en viejos errores. Los estallidos musulmanes en Francia hace una década no se debieron a un problema religioso, sino de pobreza y discriminación. Los jóvenes que incendiaron las calles no lo hacían en nombre del islam, sino furiosos y frustrados por una sociedad que les rechazaba pese a haber nacido franceses.

La educación puede ayudar a la integración de las generaciones nacidas aquí, y la legislación puede y debe asegurar la laicidad de la vida social, pero si esas mismas leyes, además de obligarles, no les amparan****, establecemos un nuevo punto de partida para el fanatismo, esta vez agravado por el desarraigo. El desarraigo, igualmente, es el principal caladero donde echan sus redes los fanáticos evangelistas. Y aunque a día de hoy no suponen más que una anécdota pueden acabar siendo más que eso.

No es bueno ignorar los problemas, pero tampoco debemos dejar que el miedo guíe nuestra forma de actuar. Sería tristísimo habernos sacudido las cadenas de la beatería católica para dejar que otros fanatismos limiten nuestras vidas.

(Una aclaración antes de cerrar el tema. No es que los fanáticos católicos, ortodoxos o protestantes no quiern controlar la vida de sus vecinos, apalear o matar a los homosexuales y prohibir a las mujeres salir de casa sin permiso de su marido (casado ante DIos, of course). Lo que sucede es que NO PUEDEN HACERLO por las circunstancias históricas, y su influencia es cada día más floja, de ahí que el creyete moderado sea, en realidad, un agnóstico mal disfrazado. SOn religiones menos peligrosas, no porque sean mejores, sino porque han ido perdiendo su capacidad para hacer daño)

* Aparentemente, porque si vamos a la raiz de sus enseñanzas, no hay tantas diferencias entre los cultos del Libro
** Digo urbana porque en el campo la situación es diferente. Algo de esperar, ya que entre el campesinado siempre tardan más en calar las reformas. Precisamente el término pagano significa en su origen campesino, y debe su significado actual a que fueron los campesinos romanos los más reacios a convertirse al cristianismo
*** Me parece perfecto que se prohíba un símbolo religioso como el velo en las escuelas... siempre y cuando se prohíban los crucifijos, las menhorás, la estrella de David... Y si no se permite organizar rezos colectivos a los musulmanes en la vía por razones de orden público, debe permitírseles usar locales adecuados. No entiendo porqué no es posible un uso razonable de las iglesias para la oración, a horas en las que no hay servicio cristiano.

viernes, 14 de marzo de 2014

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (II) El moderado inexistente

La ausencia de una sociedad laica en el mundo islámico puede no parecer preocupante, ya que la mayor parte de los musulmanes son moderados, mientras que los extremistas son sólo una minoría, peligrosa, por supuesto, pero muy reducida.

Ese punto de vista es, de nuevo, erróneo. El católico moderado en un país católico (España, por ejemplo) es el creyente no practicante, que sólo pisa la iglesia en bodas, bautizos y comuniones, y al que las opiniones o creencias de sus vecinos le vienen a dar bastante igual. No es que el catolicismo tienda a la moderación: sucede simplemente que inmerso en una sociedad civil, es decir, laica, su influencia se diluye año tras año, por mucho que la conferencia episcopal se rasgue las vestiduras. Un musulman moderado en un país musulmán vive día a día su religión, está inmerso en ella, y no concibe la discrepancia. Aceptará a regañadientes la existencia de otras comunidades religiosas monoteistas (sólo pueblos del libro, judíos o cristianos) siempre y cuando se mantengan en un segundo plano y nada atraiga su ira.

Las muchedumbres que se echaron a las calles con el escándalo de las caricaturas de mahoma, quemando, apedreando y asesinando, no estaban compuestas de  terroristas y miembros de Al Qaeda, sino de moderados, que mataron a sus vecinos cristianos porque en la lejana Dinamarca alguien publicó un dibujo. La moderación del islam es un fanatismo de bajo tono, alimentado por la tradición, la pobreza y la ignorancia. Y hablamos de una pobreza de raíces profundas, agravada por unas desigualdades monstruosas.

No siempre fue así. Entre los años 50 y 60 surgió una tendencia nacionalista laica en los países musulmanes, encabezada por el nasserismo egipcio. Este movimiento fue visto como una amenaza por Israel, las monarquías del Golfo y los EEUU, que no dudaron en sabotearlo desde dentro, apoyando económicamente a los movimientos religiosos como los Hermanos Musulmanes, una política que se intensificó en los 80 con el apoyo militar a los combatientes yihadistas en Afganistán. Por su parte los nacionalismos fracasaron (y a veces ni llegaron a intentarlo) en su intento de consolidar una sociedad estable y moderna. Tras su hundimiento, sólo quedó el integrismo. Y dado que la inmensa mayoría de los musulmanes siguen viviendo en la pobreza y la ignorancia, este integrismo carece de una alternativa real.

Eso implica que el musulmán moderado ve inadmisible y blasfema la homosexualidad, la independencia de las mujeres, la apostatasia, el ateismo, la teoría de la evolución, o cualquier cosa que vea discordante con su fe y se salga de la norma estricta del Quran. Y por añadidura el peso de la religión en la vida diaria permite justificar cualquier arbitrariedad, no sólo a nivel de calle sino incluso a nivel estatal. No es necesario ir entre los talibanes para ver algo así: pensemos en nuestro vecino Marruecos, donde la legitimidad de su tiranuelo corrupto es inatacable, ya que se le considera emparentado con el Profeta. Todo eso hace que su influencia sea más perniciosa que la de otras creencias.

En conclusión, contemplar al islam como una religión más, sin entender su realidad social, es, además de erróneo, peligroso. No porque sus enseñanzas o mandatos la hagan mejor o peor que otras, sino porque una serie de circunstancias históricas y sociales han hecho del mundo musulmán un caldo de cultivo para la intolerancia.

La prueba es que podemos encontrar un caso similar fuera del mundo musulmán. Por supuesto hay cultos muy fanatizados: judíos ultraortodoxos, mormones, extremistas católicos, testigos de Jehová, literalistas bíblicos, cristianos renacidos...

La mayoría de esos movimientos pueden encontrar situaciones políticas concretas que les permiten ejercer una infñuencia en la vida civil muy superior al que les correspondería por su peso real (tenemos el ejemplo inmediato de la Ley Gallardón, cuyo único sentido parece ser el de contentar a los fanáticos que calentaron la calle a favor del PP en las últimas legislaturas socialistas), pero eso entra dentro de lo esperable en el juego político. En cualquier caso la influencia de estos grupos es local, y viven inmersos en una sociedad civil, luego no parece que sea factible establecer una comparación con el mundo musulmán.

Pero hay una sangrante excepción: los cultos evangélicos que, debido a su vocación misionera, se han extendido por Sudamerica y África. También los tenemos en nuestro país y es posible ver en vivo y en directo sus métodos de expansión. Buscan a gente vulnerable y solitaria, como inmigrantes subsaharianos y sudamericanos, o comunidades relativamente aisladas, gitanos, por ejemplo, y les prestan una ayuda aparentemente caritativa, pero que les ata poco a poco, hasta que los predicadores van organizando la vida de su comunidad no sólo en los momentos del culto sino fuera de él. Esto no funciona fuera de esos círculos ya que, como he dicho, ejercen su presión sobre gente necesitada, ya sea económica o socialmente. El vigor de la sociedad civil española y la tradición católica limitan seriamente su expansión a otros niveles, pero eso no sucede en otros lugares.

En Brasil y Venezuela, dos de sus lugares tradicionales de expansión, las autoridades han procurado tomar medidas para paliar los aspectos más negativos de su influencia (medidas fiscales, por ejemplo), pero hay países donde sucede lo contrario, y no sólo se les ha permitido campar a sus anchas sino que se les ha otorgado peso incluso a nivel legal. Países donde nunca se ha constituido una verdadera sociedad.

jueves, 13 de marzo de 2014

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (I) El tiempo detenido

Hay una tendencia en los ambientes escépticos a considerar la religión con una cierta relatividad: partiendo de la base de que todas son igual de falsas, se presupone que todas son igual de problemáticas. Entiendo que ese punto de vista puede resultar muy cómodo, pero me parece que está profundamente equivocado.

Por supuesto es fácil señalar el peligro de las sectas destructivas tipo Wako, o los movimientos radicales estilo Quicos, pero incluso dentro de las religiones normales puede (y debe) señalarse que algunas son especialmente peligrosas. Es una verdad desagradable, y suele aparejar acusaciones de eurocentrismo, pero a estas alturas no me irá de una cana más o menos así que ya podéis empezar a apedrearme.

Sí, hay religiones más peligrosas que el resto. En particular el Islam y los cultos evangélicos. Y su peligrosidad nace de su incapacidad para el cambio.

He mencionado en alguna ocasión que las iglesias católica, anglicana, luterana y, en menor medida, la ortodoxa, tienen una razonable capacidad de adaptación a las circunstancias sociales. En general van a remolque de los cambios, pero aunque sea a rastras, cambian. Para que eso pueda suceder, se requiere una autoridad que ratifique y consolide esos cambios. En el caso de Roma dicha autoridad reside en el Papa y los Concilios. Los anglicanos fían su autoridad en la Corona, los luteranos en los acuerdos episcopalianos y los ortodoxos en la autoridad de los patriarcas. Luteranos y ortodoxos (sobre todo los últimos) tienen el problema de no tener una cabeza visible y centralizada, de ahí que, por comparación, los cambios resulten mucho más rápidos y drásticos en las dos primeras iglesias. Sobre todo en la anglicana, que no tiene que lidiar con cientos de realidades sociales, como le sucede a Roma.

En vida de Mahoma, él era la autoridad central del Islam: su peso civil y religioso era incontestable. A su muerte la situación se volvió más compleja. Idealmente, la Ley de Dios sería interpretada por el Califa, que a su vez velaría por que la Ley del los hombres se ajustara a la Palabra. Palabra que en principio no era inamovible, dado que Mahoma no dejó escritos como tales y la recopilación definitiva de sus enseñanzas y diversas tradiciones orales asociadas no tuvo lugar hasta el tercer califato.

Sí, el Quran no es obra de Mahoma, sino de sus seguidores.

La figura del califa, en cualquier caso, debería haberse convertido en la cabeza del Islam, como lo es el obispo de Roma en el catolicismo o, en tiempos, el Patriarca de Constantinopla. Pero, al margen de las disensiones y el establecimiento de califatos independientes* (como el de Córdoba), el califa nunca pudo asumir ese papel por la inexistencia de un clero organizado. No hay monjes, sacerdotes, obispos... que se superpongan al tejido social, dando validez a la autoridad central. La falta de esta estructura eclesial impidió que los califas tuvieran un poder real sobre la sociedad, siendo enseguida usurpado su título por los gobernantes, los sultanes, que reunieron en sus manos el poder religioso y el civil, haciéndolos indistinguibles.

Eso tuvo un doble efecto pernicioso. Por un lado descabezó de forma efectiva al islam como comunidad religiosa, imposibilitando una adaptación al cambio de los tiempos. Por el otro cortó de raíz cualquier posibilidad de establecer una legislación ajena a la autoridad religiosa, impidiendo así el nacimiento de una sociedad civil.

Pensemos en la Europa Medieval. Por un lado hay un poder real, el de reyes y nobles, al que se suma el de los gremios y, poco a poco, el de las casas de banca (que juntos serán el germen de la burguesía) y otro religioso, a su vez amparado por la jerarquía y las posesiones de la Iglesia. El Papa dispone de un poder efectivo que oponer a los poderes seculares, y eso garantiza hasta cierto punto su independencia de los mismos. Este equilibrio posibilita que tomen forma una serie de estructuras legales civiles, no religiosas (pensemos en las cortes de Aragón, y su célebre juramento Nos, que valemos tanto como vos, y juntos más que vos...) que, al menos de nombre, obligan a todos y no pueden modificarse de forma arbitraria, por estar implicados muchos poderes. Ésas características permitieron el salto social y económico de la Alta Edad Media y, posteriormente, del Renacimiento. Y es en ese intervalo de cuatro siglos cuando las sociedades europeas dejan atrás a las sociedades islámicas, incapaces de cambiar.

¿Porqué la ciencia y la tecnología islámicas se estancan después de un arranque brillante y arrollador? Porque sin una estructura educativa como la que se construye bajo la autoridad de la Iglesia, no es posible establecer una burocracia civil, ni una legislación que ampare el comercio y la banca de forma efectiva. La sociedad islámica está sujeta al capricho de su gobernante. Imaginemos un próspero tintorero en Estambul: podría beneficiarse de mejores métodos de producción, pero el Cadí o el Visir saben que ese negocio da pingües beneficios, así que le multiplican por diez los impuestos, o incluso deciden adueñarse de todo acusando al dueño de impiedad. El afectado nada puede hacer frente a una autoridad absoluta, que une la ley de Dios a la de los hombres. El resto de tintoreros no va a apoyar a su compañero porque no hay una estructura gremial, para ellos sólo es un competidor descabezado. En esas condiciones el solo hecho de destacar es peligroso, y las actividades económicas tradicionales (agricultura, perfumería, forja, telares, comercio...) no tienen incentivos para el cambio. El tintorero de Estambul seguirá usando los mismos métodos siglo tras siglo. Tampoco hay incentivo social para el estudio, fuera de la astronomía**, y sin universidades (auspiciadas, no lo olvidemos, por el poder religioso), ni intercambio de conocimientos, la ciencia islámica se queda atascada en sus raíces. Como toda la sociedad.

Eso por lo que se refiere al cambio social o económico, pero ¿porqué no hay evolución religiosa? Después de todo hay, al margen de la autoridad del monarca, algunas autoridades religiosas, muftis y mulás. Pero éstos no son un clero organizado, sino figuras locales, y aunque se presuponen algunos requisitos para ser considerados como tales, a la hora de la verdad todo se traduce en tener prestigio y don de gentes. Cada mufti es una autoridad separada, de ahí que las Fatwas (mandatos) tengan un caracter igualmente local y no vayan más allá del área de influencia de quien las emite.

Dicho sea de paso, las fatwas no son órdenes inspiradas por Dios, sino interpretaciones de su palabra. Un mufti, en realidad, es una suerte de árbitro a quien se consulta en caso de duda. Lo que no les impide hacer declaraciones grandilocuentes e incendiarias, y llegamos al punto más importante de mi planteamiento.

Un mufti puede emitir una fatwa condenando, por ejemplo, a cualquier mujer que de la mano a su marido en la calle, porque no hay ninguna autoridad sobre él que pueda impedírselo. Lo único que le limita es el texto del Quran, y éste es, en esencia, un código de leyes para un pueblo de pastores del siglo XV. Así que puede opinar prácticamente sobre cualquier cosa y darle peso legal, al menos hasta que otro mufti de superior autoridad dicte otra cosa. Y a su vez lo que dicte ese mufti podrá ser puesto en entredicho por el siguiente. Y esa rueda sin fin hace imposible cualquier evolución religiosa, porque ningún cambio toma caracter permanente.

En esencia y en forma, el pensamiento religioso islámico es EXACTAMENTE el mismo hoy que hace catorce siglos. Sin cambios. Y las sociedades islámicas eran prácticamente las mismas hasta bien entrado el siglo XX, cuando el final del colonialismo europeo las lanzó de nuevo al mundo.

* Los cismas califales, pese a su espectacularidad, no son sino la lógica consecuencia de la expansión territorial del Islam. Los diversos cismas cristianos descentralizaron la autoridad religiosa, pero en el caso del Islam ésta ya había desaparecido como tal antes de las rupturas.

** El prestigio de los astrónomos en el islam antiguo se basa en la necesidad de ajustar los calendarios lunares que guían la vida religiosa y la agricultura.

martes, 4 de marzo de 2014

NOMBRES A PIE DE PÁGINA (I) Antón no quiso cerrar los ojos

Hoy empiezo una nueva serie de entradas, dedicada a personas que no cuentan, no salen en los libros, no hacen Historia. Sólo son parte de ella. 


Anton Schmid, sargento (oberst) del ejército alemán, murió fusilado en 1942. Su historia empieza 19 años después, en Jerusalén, durante el juicio a Adolf Eichmann.

Entre los testimonios de diversos supervivientes de la guerra, hubo uno que llamó la atención de Simon Wiesenthal, el incansable cazador de nazis. Uno de los miembros de la resistencia judía en Polonia, A. Kovner, mencionó que un sargento llamado Schmid le ayudó, a él y a su gente, no una sino muchas veces. Nunca pidió nada a cambio y lo pagó con su vida.

Algunas personas investigaron sobre ese desconocido benefactor y sacaron a la luz la historia de un humilde electricista austriaco, ya mayor. Un cuarentón apacible, que formaba parte de los servicios de la Wehrmatch, y que en octubre de 1941 asistió a las matanzas de Ponary. Nada extraño hasta aquí, muchos soldados fueron testigos o participes de las carnicerías que empaparon Europa Oriental bajo la bota nazi. Pero Anton no podía olvidar lo que había visto. Meses después, poco antes de morir, escribió a su mujer e hija una carta desgarradora, explicándole lo que no podía sacar de su cabeza, los motivos por los que se le juzgaba como traidor.

... los milicianos se los llevaron, los fusilaron en un descampado, en grupos de 2000 o 3000... a los niños, por el camino, los aplastaban contra los árboles... 

Tenía a su cargo, en la oficina de reagrupamiento, un centenar de trabajadores judíos. Tras lo que había visto, les ayudó a huir

... ya sabes como soy, un blando de corazón, y les ayudé...

Escondió en su vivienda a un matrimonio y empezó a ir de tapadillo al gheto de Vilna, con paquetes de medicinas y leche en polvo para los bebés, escondidos bajo la ropa. Por casualidad, tiempo después se encontró con Kovner y otros miembros de la resistencia. Le sorprendió escondiéndose y, en vez de denunciarles, les proporcionó ayuda. Documentos, pases, comida, incluso vehículos.

Escondía fugitivos también en los edificios del servicio. Uno de ellos le preguntó por qué lo hacía, por qué se arriesgaba así.

Morir, moriremos todos. Si puedo elegir entre morir asesinando gente o salvándola, elijo lo segundo.

En cuatro meses logró salvar a 350 personas con pases falsos. Y en febrero fue detenido, juzgado y condenado a muerte. La naturaleza de su delito, ayudar a judíos, era tan aberrante que no supieron como catalogarla, así que se le acusó de corrupción y soborno. Le fusilaron el 13 de abril.

... por favor, Steffi, Grete, perdonadme, sólo actué como persona, sin querer hacer daño a nadie...

Los vecinos de su mujer e hija no le perdonaron. las insultaban por la calle ¡traidores a la patria! ¡amigos de judíos!, apedreaban su casa... Steffi pidió las actas del juicio, pero se las negaron. Tampoco pudo recuperar el cuerpo de su marido, enterrado en Vilna.

... ojalá os hubiera ahorrado todo esto a ti y a Grete...

En 1967 Israel rindió homenaje a Anton, Justo entre los Pueblos. Alemania y Austria han necesitado mucho más tiempo para honrarle. En 2000, el cuartel de Rendsburg, antes Cuartel Gunther Rudel, pasó a llamarse cuartel Anton Schmid. Hubo protestas, al parecer había quien consideraba más digno de mención y recuerdo el general de la LuftWaffe que, tras el atentado de 1944, participó como juez, con febril entusiasmo, en los juicios populares contra los militares sospechosos de desafección al régimen, condenándoles a morir ahorcados de un gancho de carnicero (el almirante Canaris, uno de los condenados, fue ahorcado, reanimado y vuelto a ahorcar para satisfacer la sed de venganza de los tribunales)

No importa demasiado: Anton no buscaba recompensas ni reconocimiento. Sólo intentaba ser fiel a sí mismo, mirarse al espejo sin sentir nauseas, y , quizás, poder mirar a la cara de su familia sin sentir vergüenza de sí mismo.

... acabo las últimas lineas que os escribo y me despido, y vuelvo a enviaros muchos besos desde este mundo y desde el otro, donde pronto estaré en manos de Dios. Vuestro Toni, que os querrá siempre