Mujer iroqués

lunes, 20 de agosto de 2012

SUEÑO


Cuando empiezo a dormirme por unos instantes soy consciente de estar comenzando a soñar. Al despertar, en unos segundos pierdo el hilo de lo que estaba viviendo un instante antes. Pero a veces, no tantas como quisiera, los sueños se quedan grabados y los recuerdo con claridad. Antes era más común, pero incluso hoy sigo recibiendo destellos de lo que pasa por mi cabeza cuando todo se desconecta.

Soñé que quemaban viva a una mujer en la plaza del pueblo. Recuerdo la humareda y los gritos. No sé como pude soñar algo así con tan solo seis años.

No es mi peor pesadilla.

Sueño con mi padre. En nuestra vieja casa en V. de la S. Hablamos por los codos, y cuando abro los ojos me siento bien, contento por haber compartido con él unos minutos más, aunque sea sólo en mi mente.

A veces es mi abuela. Recuerdo un sueño jugando al trivial, nos miramos y sonreímos, porque vamos a ganar. La Yaya y yo siempre ganábamos cuando íbamos de pareja.

Soñé algunas noches seguidas con mi amiga P, follando y riendo. Ella dice ya ves, al final mi madre tenía razón, y ya no podemos contener las carcajadas. Tras la primera, cada una de esas noches me fui a la cama ansiando soñar.

Recuerdo soñar con un payaso atroz, mirándome desde el fondo de la piscina antes de huir por el desagüe. Luego le veo, subido a unos enormes zancos, acercándose a mis primas M y C, que no le ven, porque estan recogiendo algo en la huerta. Grito, pero no me sale voz. Corro, pero no me muevo del sitio. Tenía 9 años.

A los 20 y tantos lei It, de Stephen King. Soñé con el payaso de la piscina tres noches seguidas.

Sueño con Ella. Abrazados, desnudos, siento sus pechos grandes y cálidos contra el mío, su abrazo estrecho, nuestros alientos, nuestro ritmo. Sentí su orgasmo con tanta intensidad alrededor de mi pene que mi propia erección me despertó, con su súbita rigidez.

Vuelo en más de la mitad de los sueños que recuerdo. Unas veces es como bucear, pero en el aire, otras como caminar. Y en ocasiones simplemente veo una escalera y me deslizo sobre ella sin tocar los peldaños. Sueño con la escalera tan a menudo que a veces pienso al hacerlo que es tal y como recuerdo en mis sueños.

Soñé que moría mientras volaba, y sin embargo el sueño siguió más allá, pero yo sólo era un espectador.

Mi peor pesadilla tuvo lugar hace cuatro años.

Soñé que Ella había muerto. No sé cómo ni porqué, sólo sé que debía entrar en casa y decírselo a nuestro hijo. ¿Cómo le dices a un niño que su madre no volverá?

Me desperté al notar algo mojado en mi cara. Era la almohada, la había empapado de lágrimas.

A menudo me sumerjo en un río ancho y caudaloso, y cuando estoy bajo el agua, clara y no muy fría, comprendo que sólo tengo que respirar como lo haría fuera de ella. Buceo horas y horas pensando ¿como no se me ocurrió nunca que fuera tan fácil?

Una noche me miré al espejo y vi que era una mujer. Conocí a un chaval en un bar. Nos besamos. Follamos.

No recuerdo su cara ¿afortunadamente?

De cuando en cuando me veo de vuelta en la Universidad, en el examen de cálculo infinitesimal. O de uniforme, en el servicio militar. De pronto recuerdo que ya aprobé esa maldita asignatura, o que ya me licencié.  Entonces sé que es un sueño, y despierto para volver a dormir.

Soñé con T poco después de conocernos. Paseábamos por un prado. La abracé por detrás. Recuerdo su vientre bajo mis manos, hundir mi rostro en su cabellera. Respiré hondo. Pensé su pelo huele a verano.

Soñé con un cielo estrellado y tenebroso. Estaba aterrado, porque me di cuenta de que la mitad del cielo era un sólo ser inmenso, cuajado de soles, y estaba girando su rostro. Me buscaba.

Intento marcar un teléfono. Siempre me confundo con alguna cifra y cada vez estoy más nervioso. Sigo intentándolo, me desespero, es una llamada importante. Suelo despertarme angustiado.

Estaba con L, una amiga de la escuela. Nadando desnudos. Nos acariciamos sin prisa. Me desperté. Me había quedado dormido en clase de zootecnia. L estaba a mi lado, tomando apuntes.

Pensé qué raro, yo no me duermo nunca en clase de zoo. Terminé de despertarme: estaba en mi cama y era de noche.

Nunca le conté ese sueño a L.

Sueño con mi perro Rocco. Ya ha pasado cuatro veces, al menos. Sé que está muerto: yo le abrazaba mientras su corazón se detenía poco a poco, tras la inyección. Así que sé que es un sueño cuando le veo, pero me alegro de verle y poder volver a abrazarle vivo. Siento su calor, sus lametones, sus patazas sobre mis hombros.

Estoy en la estación de Avenida de América, en el andén de la línea 6, que tiene farolas y el techo negro. Pero sé que no hay techo, que es la noche, y vuelo hacia ella. Un dragón vuela conmigo ¿ha salido del túnel, en lugar del tren?

Paseo a menudo con Ella por mis sueños. De la mano. Siempre vamos de la mano. Recuerdo un paseo por un parque con insectos gigantes, quietos como estatuas. Miramos cada detalle de sus corazas y alas como si fueran obras de arte. De hecho lo son.

Una tarde en BUP pasé horas y horas estudiando latín para un examen, y me fui a la cama, desesperado porque no lograba retener nada. Esa noche soñé que estudiaba latín, horas y horas. Al despertar tenía el tema asimilado.

Colerigde logró sacar del sueño 300 buenos versos. Yo un examen con notable: no es gran cosa, pero me conformo.

A veces, de día y despierto, siento que soy feliz. Quizás más de lo que me corresponde. Y pienso que en cualquier momento me despertaré, y descubriré que todo ha sido un sueño, y mi felicidad en realidad le sucede a otro.

Aún no me he despertado.