Mujer iroqués

domingo, 28 de agosto de 2011

LOS MOAIS DE PASCUA, LAS LÍNEAS DE NAZCA Y LAS VALLAS DE PIEDRA DE MI PUEBLO FUERON HECHAS POR EXTRATERRESTRES (y II)


Por fin llegamos al punto culminante de nuestro estudio. ¿Porqué Iker Giménez gasta sus dineros en producir reportajes sobre Rapa Nui o Nazca, cuando ese mismo pecunio podría invertirse en tierras patrias?

La ciencia oficial, en su cortedad, mira para otro lado, pero puedo afirmar que las pruebas de las visitas extraterrestres a tierras castellanoleonesas son, señores míos, abrumadoras. Y el pueblo de mi padre, en la muy noble provincia de Segovia, es una buena muestra de contactos en la tercera fase.

¿Qué digo tercera? ¡quinta e incluso sexta! Por todas partes es posible encontrar enigmáticos muros de piedra, similares al de la imagen. Su aspecto puede parecer vulgar, anodino, incluso. Pero en su conjunto, conforman una extraordinaria red que recubre buena parte del paisaje castellano. O lo recubría, porque la ignorancia, la superstición, o tal vez motivos más oscuros han llevado a la demolición de buena parte de estas asombrosas estructuras.

¿Cuál es el propósito de estas líneas piedrolíticas? No hay duda de que su papel está relacionado con las naves espaciales, ya que se despliegan formando una intrincada maraña geométrica, de patrones difíciles de precisar, probablemente porque su sentido sólo es comprensible si se observan desde el aire. Algunos analistas, probablemente a sueldo de la conspiración gubernamental, aluden a vagas razones de demarcación geográfica. Bien es cierto que los nativos del lugar, en su asnil ignorancia, los han empleado desde hace siglos como delimitadores de parcelas, pero eso no es más que un uso a posteriori y no aclara el misterio de su construcción. 

Por desgracia, el trabajo rural ha ido borrando toda traza de la función original ¿Serían campos de aterrizaje? ¿Indicarían yacimientos de materias primas de alto valor estratégico? ¿Conforman, quizás, un elaborado mensaje? ¿Son, por ventura, acumuladores-deflectores de campos magnéticos? ¿Transmiten líneas de influencia geodésica? Sólo podemos elucubrar y lamentarnos de la pérdida de tantos conocimientos, sepultados bajo el ignorante arado y la brutal azada.

En cualquier caso, nadie puede negar que fueron obra de una civilización extraterrestre o una sociedad desarrollada bajo sus auspicios (¿los atlantes, tal vez?) Porque sin duda están construidas por seres avanzadísimos. Resulta imposible erigirlas con los medios de que disponemos en nuestros días. Elijamos un grupo de adultos al azar y equipémosles con nuestros aparatos más sofisticados, ipads, consolas wii, GPSs, punteros laser, canales de porno gratis, ... aún así serán incapaces de colocar esas piedras, una sobre otra, sin aglomerantes externos, tan sólo sostenidas por la geometría y, tal vez, alguna energía indetectable. 

No me crean ciegamente: hagan la prueba, y comprobarán como, pese a ímprobos esfuerzos, son ustedes incapaces de construir nada más alto de dos hiladas sin que se desmorone.

Podríamos aducir que los adultos no están acostumbrados al empleo de la tecnología avanzada, pero si ponemos a la tarea a un grupo de fornidos adolescentes, el resultado será similar o peor. Nuestra petición será acogida con desprecio, improperios de todo tipo, esputos y lanzamiento de algunas piedras seleccionadas entre las de menor tamaño y mayor manejabilidad. 

Es concluyente: los indígenas peninsulares no están capacitados para ese trabajo. Incluso es posible que algunos mencionen la necesidad de emplear mano de obra foránea, rememorando en su subconsciente que los constructores primigenios llegaron del exterior.

Pero, argumentarán los incrédulos, tal vez hemos olvidado las arcanas tecnologías empleadas por nuestros antepasados, que las erigieron sin necesidad de ayuda alienígena. Ese razonamiento es engañoso. Es cierto que los actuales habitantes peninsulares, gracias quizás a un experimento genético de los Visitantes, tienen hoy en día una talla elevada y se dan con frecuencia los cabellos claros y los ojos azules, pero las cosas eran muy distintas antaño. En los siglos durante los que se erigieron los piedrolitos, el aspecto de los aborígenes sólo podía describirse como landiano. Humanoides cejijuntos, de escasa estatura, cuello corto, y grueso piel renegrida (donde les daba el sol) y peluda, frente escasa, testa emboinada... Y, como bien hemos visto, los pueblos de similar catadura carecen de los conocimientos y la voluntad necesaria como para acometer obras de tal magnitud.

Así pues, sólo queda una explicación racional: seres extraterrestres, cuyo recuerdo se ha diluido, metamorfizado en algún tipo de adoraqción religiosa. Y podemos presentar una prueba sólida en esa dirección, porque en el mismo pueblo de mi padre, y al parecer en los pueblos de muchos padres, hay una asombrosa edificación conocida como iglesia románica, igualmente erigida por los misteriosos constructores (ya hemos visto que los indígenas hubieran sido incapaces), en la que los fieles rinden culto rezando a las alturas, a un misterioso Señor que está en los cielos y todo lo ve. Sin duda, un recuerdo de los tiempos en los que sus remotos antepasados recibieron la mágica visita de los jinetes de las estrellas que les orientarían en el camino hacia la civilización. Para completar el cuadro, basta con fijarse en las representaciones que encontramos en dichas iglesias: figuras estilizadas, con una estructura circular, denominada halo, que rodea sus bellísimas cabezas. quizás, una reminiscencia de las escafandras. 

¿Porqué ha pasado desapercibido este asombroso misterio hasta nuestros días. Por política, como puede demostrarse fácilmente: Daniken, antiguo nazi, nunca perdonó el desaire de Franco a Hitler en Hendaya, y decidió ocultar deliberadamente la verdad sobre las líneas de Castilla, ayudado por ellos.

Dicho sea de paso, y dado que la Italia de Mussolini igualmente defraudó y finalmente traicionó al Führer, puede que esa sea también la causa de que el hotelero suizo se negara reiteradamente a reconecer que el Coliseo, el Circo Máximo, el Panteón y, por supuesto, el acueducto de Segovia, fueran obra de extraterrestres, cuando todos sabemos que los romanos no eran ni rubios, ni altos, ni arios.

Esa actitud negacionista, notablemente perniciosa, se ha perpetuado en el tiempo. Y así los expertos españoles en paraciencia, como Iker Giménez, siguen echando tierra sobre nuestro pasado, despreciando nuestro patrimonio alienígena mientras desvían la atención hacia fenómenos mucho menos importantes de allende los mares. 

Y yo me pregunto ¿Hasta cuando?

viernes, 26 de agosto de 2011

LOS MOAIS DE PASCUA, LAS LÍNEAS DE NAZCA Y LAS VALLAS DE PIEDRA DE MI PUEBLO FUERON HECHAS POR EXTRATERRESTRES (I)



Hoy quiero presentar pruebas irrefutables del origen alienígena de unas misteriosas estructuras de piedra localizadas en Castilla. Concretamente en la provincia de Segovia. Para ello he analizado los argumentos que, con todo rigor científico, gigantes del intelecto como Daniken, Heyerdhal e Iker Jiménez han utilizado para justificar que los monumentos de Pascua y Nazca son, igualmente, obra de extraterrestres.

De acuerdo, rigor científico es un término que produce diarrea y urticaria en esos sesudos analistas, pero seamos abiertos de mentes y escuchemos sus evidencias. Empecemos por los Moais. Dichas esculturas, dicen, sólo pueden haber sido hechas por extraterrestres, ya que claramente representan extraterrestres

Es curioso. Hasta ayer mismo yo estaba convencido de ser humano, pero acabo de verificar que tengo orejas, ojos, boca. nariz y cuello, como los moais, luego soy venusino, o así. Es más, acabo de volver de la calle y la abundancia de venusinos por las calles de Alcobendas me hace temer que en realidad esto sea el comienzo de una invasión. ¿Es que el gobierno no va a hacer nada al respecto?

Pero espera, los moais no son humanos, porque llevan escafandra, dicen los expertos. Eso demuestra que se trataba de unos extraterrestres muy, muy avanzados, porque respirar en una atmósfera hostil poniéndose una magdalena en la cabeza demuestra una superioridad tecnológica de órdago. Eso sí, sólo les daba para unas pocas magdalenas, luego supongo que los extraterrestres menesterosos se limitaban a contener la respiración, o usaban la magdalena por turnos.

Aunque esa no es la prueba de verdad, la que realmente importa. Ya que si sabemos que los Moais son extraterrestres es, evidentemente, porque los habitantes de Rapa Nui eran incapaces de construir algo tan avanzado. Ese es, sin duda, el GRAN argumento de los ufólogos: los nativos eran unos muertos de hambre ¿Cómo iban a contruir nada? Y no sólo ellos. Los egipcios no pudieron levantar las pirámidesporque  todos sabemos que los moros son unos vagos! ¿Y Macchu Pichu? ¡Si los incas eran bajitos y renegridos!
Ese es la base del pensamiento de Daniken: los pueblos de piel oscura son retrasados mentales, y requieren la presencia de bellos, blancos y rubios extraterrestres para construir cosas. Y además de arios deben ser promotores inmobiliarios, porque a la que se descuidan los nativos les llenan todo de monumentos y urbanizaciones.

¿Qué tecnología superavanzada fue empleada por los visitantes para hacer y erigir los moais? Sin duda láseres antigravitatorios de fusión fría. Eso sí, eran muy desordenados, porque lo dejaron todo lleno de canteras, con cuñas, cinceles de piedra, mazos, rampas y fosas, incluso varias esculturas a medio tallar o tiradas por ahí, como si alguna población nativa se hubiera hartado de remolcar estatuas hechas a mano y se hubieran dicho, si el jefe quiere un moai, que tiren él y su madre de la puta cuerdecita. Pero ya sabemos que los nativos no habrían hecho eso porque sólo se dedicaban a mirar boquiabiertos mientras los alfacentaurianos hacían sus cosicas.

Continuemos con nuestro camino en dirección este, hasta llegar a las costas de suramérica. Allí encontraremos las prodigiosas líneas extraterrestres de Nazca. Extraterrestres, porque construir esas asombrosas estructuras está mucho más allá de las posibilidades de los nativos pertencientes a la cultura de Nazca, que ¿no lo he mencionado ya? eran de piel tirando a oscura y llevaban taparrabos.

Por supuesto hoy en día uno puede ir a ese mismo lugar y rascar con la bota sobre el suelo, retirando así la capa superficial de piedrecillas rojizas y dejando al descubierto la tierra de color claro. Luego puede seguir arrastrando la suela e ir trazando una espiral, o una recta, o un ornitorrinco, si así le place, pero con ello sólo logrará demostrar que los humanos somos seres primitivos y obtusos, que nos vemos obligados a hacer ese trabajo con métodos absurdos y costosos, no como los visitantes, que empleaban emisores orbitales de haces de patículas, alimentados por energía cuántica y dirigidos desde un satélite.

Claro que basta con atar una cuerda a un palo para ir trazando una espiral de muchos metros sobre el terreno sin necesidad de un satélite, con dos palos y la misma cuerda uno puede hacer una línea recta, y con una cuadrícula es fácil hacer cualquier dibujo gigante. Pero  es evidente que unos indios bobalicones no sabrían hacer una cuerda ni plantar un palo en el suelo sin las precisas indicaciones de un ser superior de dorados cabellos.

Aceptaremos pulpo por animal de compañía y supondremos, con mucho esfuerzo, que esos abúlicos subhumanos hubieran llevado a cabo la proeza tecnológica de raspar unos dibujos sobre el terreno. Aún así está claro que, si se dibujaron esas líneas sobre el terreno, fue para que las vieran los extraterrestres, señalizando de forma precisa los mejores lugares para el aterrizaje de los platillos, o anunciando una oferta de monos en el dutifrí, que siempre alegran las largas travesías por el espacio

El gigante de Dorset es otra cosa, ése está hecho claramente por humanos nórdicos, de los que no necesitaban instrucciones de viajeros estelares. Pero también es una obra diseñada para que la vieran los marcianetes, un aviso del tipo como se os ocurra venir a tocarnos los cojones os vamos a dar de garrotazos y luego os follaremos hasta dejaros el culo como la bandera de Japón, putos alienígenas. No deis la murga e iros a instruir a los negros, o los chinos, o a quien sea, pero lejos. Así que, en cualquier caso, es una obra que prueba la llegada de extraterrestres, y además nos da la valiosa información de que esos alienígenas eran muy similares a nosostros, porque tenían culo.

martes, 23 de agosto de 2011

LA FALACIA DE LA AUTORIDAD PAPAL (y III)


Para un católico, el argumento más poderoso a favor de la legitimidad del Santo Padre como cabeza de la Iglesia es la propia voluntad de Cristo, expresada en Mateo 16-18: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y para darle más autoridad, vamos a repetirla en latín, siguiendo la Vulgata de San Jerónimo. Et ego dico tibi quia tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam et portae inferi non praevalebunt adversum eam

Más claro, agua, al menos al primer vistazo. El problema es que esta sentencia no resiste un segundo vistazo, ya que presenta varias inconsistencias. La primera, es el uso del término Puertas del  Hades o Portae inferi. La cuestión es que el concepto del Infierno como opuesto al Cielo y, en consecuencia, a la Iglesia, no es judío. Los hebreos denominaban Sheol a la morada de los muertos y, como tal, ésta no tenía connotación negativa ni positiva. Simplemente, era el lugar donde estaban. No sentían, ni padecían, porque el judaísmo no tenía conceptos como el del castigo eterno, la salvación o el alma inmortal. Ahí estaban todos, justos y malvados, sacerdotes y sacrílegos. Así, el primer rey de Israel, Saul, pide a la nigromante de Endor que invoque la sombra de Samuel, el profeta que le ungió, porque Yahvé no le escucha. Busca otra voz que le responda, ya que los muertos no están con Yahvé (como en el mito cristiano, donde los justos viven en gracia de DIos y contemplan su rostro), sino en el Sheol.


El término Hades es griego, lo que resulta lógico ya que los evangelios no fueron compuestos en vida de Jesús o de sus seguidores (la autoría de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fue un modo de apelar a una autoridad, como los evangelios apócrifos de María, Tomás o Judas) sino en tiempos de la segunda generación de cristianos, pasado ya el alzamiento contra Nerón en el 70 D. C. Es decir, se recopilaron cuando los apóstoles y, en general, los que conocieron y trrataron a Jesús, ya estaban muertos. Podríamos pensar, en consecuencia, que la frase es un añadido de esos años. Pero tenemos otro término interesante: Iglesia.


Ekklesia, el término griego empleado por Pablo de Tarso en sus epístolas, no se refiere a un edificio. Significa asamblea o congregación. No podía ser de otro modo, ya que los paleocristianos no tenían templos propios y se reunían en casas particulares o en catacumbas. Podría pensarse que es una traducción del concepto hebreo haMikdásh (templo), pero ese término, en griego, sería ὁ ναός y, en latín, Templum. El concepto Iglesia en el sentido de edificio es muy posterior, en concreto del siglo IV (oh, sorpresa, los años de Constantino) así que, atendiendo al vocabulario, tenemos que la frasecita de marras podría ser un añadido de la época en la que los obispos de Roma buscaban medios de reafirmar su autoridad.


Hay otra prueba a favor de dicha posibilidad, y es la estructura de la propia sentencia, o mejor dicho, de su núcleo: tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam. Esta curiosa frase es un juego de palabras en latín, intraducible al griego, mucho menos al arameo, ya que sólo la lengua de Virgilio tiene las declinaciones necesarias para construirla. Así pues, ateniéndonos símplemente a la gramática, el nombramiento oficial de Pedro como cabeza de la iglesia es, como mínimo, de dudosa verosimilitud.


Bueno, podríamos decir, a lo mejor esa parte es un añadido posterior pero ¿No hay otras referencias a Pedro en los Evangelios? Las hay, por supuesto, pero como mínimo son extrañas. Como la intervención del apóstol en el Huerto de los Olivos, cortándole una oreja a un criado del sacerdote. Ese párrafo resulta ... raro. Es decir, si Pedro trataba de defender a Jesús con una espada, es probable que hiriera a sus captores en los brazos, el vientre, la cara....pero ¿cortar una oreja así, sin más? Si yo lo intentara probablemente me llevaría con ella buena parte de la cara, y además mi víctima recibiría un tajo en el hombro. Pero no, Pedro le corta una oreja, y Jesús hace voila...hop! y se la pega. No me negaréis que la escena, en sí, es surrealista. La única explicación que se me ocurre es que alguien quiso inventarse un milagro final de Jesús y su musa no estuvo muy brillante. 


Otra mención muy específica es la del canto del gallo. Pedro sigue a los aprehendedores y se esconde entre los guardias, éstos creen reconocerle, pero el niega tres veces saber nada de Jesús, es más, no sabe de quién le hablan. Esta historia sí parece real, ya que refleja sentimientos muy humanos: fidelidad y miedo. Pero no resulta un bagaje muy impresionante para un futuro pontífice.


Ya tras la resurrección, Jesús se aparece a Pedro, a la orilla dle mar de Galilea, cuando los apóstoles iban a salir a pescar. Según Juan, 21 1-8 El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: «Es el Señor».Cuando Simón Pedro oyó «es el Señor», se puso el vestido -pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Precioso, pero esta historia presenta el problema de que no es Pedro quien reconoce a Jesús, sino el discípulo a quién Jesús amaba, un misterioso personaje que suele identificarse con el propio Juan (lo que dice muy poco de su modestia). Sea quien sea el misterioso discípulo, está claro que no es Pedro el primero que reconoce al maestro, y desde luego no es su predilecto.


Tampoco son los apóstoles los primeros hombres en ver a Jesús, porque antes de aparecerse a los pescadores, se lo encuentran los discípulos de Emaus. Éstos le invitan a cenar y le reconocen por el modo de bendecir la mesa. Si es por primacía de aparición, Pedro no debería ser pontífice, sino el bueno de Cleofás. ¿O no?


En realidad, no, porque la primera persona que se encuentra con Jesús resucitado, que le reconoce y le dirije la palabra, es María de Magdala, la prostituta. La única, por cierto, que no le abandonó en el suplicio, como Pedro, y le acompañó al calvario, mientras todos los apóstoles se escondían. Ella es, fiel hasta después de la muerte, la que acude al sepulcro para preparar el cuerpo de acuerdo a la normas de Dios, mientras Pedro y sus compañeros deciden retomar su trabajo de pescadores. María es además señalada como predilecta por Jesús de forma más que explícita, así que si tuviéramos que atenernos a las pruebas evangélicas, el primer pontífice debería haber sido María. En el mejor de los casos, Simón Pedro, primer obispo de Roma (que nunca lo fue, como vimos aquí) es un tercerón en cuanto a las preferencias de Jesús, y sus supuestos descendientes en el puesto no tienen, en realidad, más legitimidad que la que emana de las circunstancias, la convenicencia, el poder y la manipulación de los evangelios, editados aquí y allí para justificar con argumentos de fe la simple ambición humana..

martes, 9 de agosto de 2011

LA FALACIA DE LA AUTORIDAD PAPAL (II)


El dogma de la infalibilidad papal, siendo uno de los más conocido, es igualmente el peor comprendido por los fieles, que creen que se traduce en que cualquier cosa que diga un Papa, va a misa.

Para empezar no se trata de un atributo tradicional. De hecho es bastante moderno. La infalibilidad fue decretada en el Concilio Vaticano I, bajo la dirección de Pio IX, uno de los personajes más miserables que han ocupado la silla de San Pedro. Cuando el bondadoso y liberal cardenal Ferretti fue proclamado, se convirtió en señor absoluto de una cuarta parte de la península itálica. Cuando el ponzoñoso Pio IX murió, rebosante de veneno y rencor, su soberanía se reducía, prácticamente, a su palacio. En los treinta y un años de su pontificado le dio tiempo a condenar el darwinismo, el naturalismo, el comunismo, el racionalismo, el laicismo, el liberalismo, el capitalismo y, en general, cualquier cosa que terminara en ismo.

Aborrecía todo lo que oliera, siquiera de lejos, a novedoso o reformista. Tras la desaparición de los estados pontificios, excomulgó a cualquier católico que colaborara con la nación italiana, incluyendo a la familia real de Saboya y, por supuesto, a Garibaldi y todo aquel que hubiera respirado a menos de cien kilómetros de él. Igualmente excomulgó a todo el que se atreviera a pedir la separación entre la iglesia y la sociedad civil, a quien se casara ante un tribunal, a quien simplemente fuera a votar. Mientras tuvo poder terrenal, procuró amargar la existencia de los desdichados judíos que vivían en sus territorios y no dudó en hacer secuestrar a un niño con la excusa de que una criada le había bautizado a escondidas cuando era un bebé y sería contra natura que un cristiano creciera junto a unos padres judíos.

No sorprenderé a nadie aclarando que tan santo varón, con cara de empotrador de monaguillos (vease la imagen arriba), ya ha sido beatificado. De hecho lo fue junto a una martir judía del Holocausto, porque la Iglesia tiene las tragaderas lo bastante amplias como para beatificar a un furioso antisemita con una víctima de Auschwitz. Se dice que hace tiempo que el Vaticano tiene en mente su canonización, un tragala que, al parecer, se dismularía canonizando a la vez a Pio XII.

Pues bien, esta criatura del señor decidió convocar un concilio en 1869 para 1: condenar el racionalismo (con un poco de retraso, ya que Descartes murió en 1650), 2: anatemizar a todo el que pretendiera supeditar la iglesia al poder civil (y al Papa a la autoridad conciliar, dicho sea de paso) y 3: declararse INFALIBLE. En asuntos de fe, porque dado el modo en que menguaron las posesiones de la Iglesia en su pontificado está claro que en cuestiones de diplomacia, economía o visión de futuro el amigo Pio era mal gurú.

¿Porqué decidieron los cardenales otorgarle a semejante personaje un certificado de tener superpoderes? Porque las cosas no iban demasiado bien. Apenas a seis meses de empezadas las sesiones los camisas rojas se merendaron los restos del reino papal y un par de meses después la misma Roma le fue arrebatada. En esas circunstancias, otorgar al jefe de la Iglesia de un aura sobrenatural no parecía una medida demasiado descabellada.

Ahora bien, los cardenales pueden ser muchas cosas, pero tontos, no. Aceptaron la infalibilidad, pero ésta no se traduce en que el Espíritu Santo hable diariamente por boca del Papa. De hecho sólo es así cuando el Papa habla Ex Cathedra, es decir, cuando se dirige a TODA la cristiandad para  establecer un DOGMA, es decir, una decisión irrevocable sobre un asunto de fe.

Aquí está la gracia del asunto. Si nuestro buen Benedicto XVI tiene el día lenguaraz y suelta ante un porrón de micrófonos que (es un decir) el preservativo favorece el contagio del SIDA en África, en realidad no ha dicho nada, al menos a efectos de doctrina. Es decir, se ha limitado a soltar una opinión, del mismo modo que podría haber opinado sobre el recibo de la luz o la calidad de las baguettes. Lo mismo sucede con las Encíclicas, mensajes del pontífice a la Iglesia. Estas epístolas determinan la postura eclesial ante un asunto (o asuntos) específico, pero no son Ex Cathedra, ergo no son infalibles ni irrevocables.

Pio IX quiso forzar la infalibilidad para las encíclicas, pero los cardenales, con muy buen criterio, lo consideraron fuera de lugar. Hicieron bien, ya que las encíclicas del Papa Ferretti hubieran anclado la doctrina eclesial en la Edad de Piedra sin posibilidad de enmienda. Eso ha permitido a la Iglesia ir adaptándose, aunque sea lentamente, a los tiempos que vive. Mi ejemplo favorito es la encíclica Humani generis de Pio XII, en la que éste aceptaba que la selección natural era una hipótesis científica seria que no contradecía la fe cristiana, Esta prudente y neutra declaración fue corregida por Juan Pablo II en 1996, al dirigirse a la Academia Pontificia de Ciencias, al declarar que la evolución era una Teoría y no sólo una hipótesis. Puede parecer una cuestión de matiz, pero si pensamos en términos científicos no lo es.

Desde la proclamación de la Infalibilidad, ésta ha sido esgrimida una sóla vez, en 1950, cuando Pio XII proclamó la Asunción de María, es decir, su ascenso físico a los cielos. No es una decisión que resulte demasiado arriesgada, ya que es dudoso que ningún estudio científico vaya a demostrara la falsedad de semejante declaración. El resto de las declaraciones papales tienen un grado mayor o menor de autoridad dependiendo del ámbito y modo en que se expresen, pero no se consideran infalibles.

Así pues, al asumir como verdad revelada cualquier opinión de un pontífice los católicos cometen un error. Precisamente Juan Pablo II, en su encíclica de 1998, Fides et Ratio, estableció que fe y razón eran herramientas inseparables para la búsqueda cristiana de la verdad. Al prescindir de la razón y aceptar ciegamente todo lo que se publica desde el Vaticano, los creyentes no sólo demuestran una triste cortedad intelectual, sino que incluso menosprecian la opinión de uno de los papas más carismáticos del siglo XX.

Claro que, siendo una encíclica, es posible que Fides et Ratio esté equivocada, después de todo el Papa no estaba hablando Ex Cathedra. Puede que, después de todo, asentir sin albergar jamás un ápice de duda sea lo único necesario para alcanzar el Reino de los Cielos. Desde luego Pio IX hubiera opinado así, y lo hubiera considerado una verdad inmutable.